El Barça jugará el domingo la final de la Supercopa de España, buscando su 16º título y segundo consecutivo. Sin más que discutir, ni tan solo que hablar, derrotó en la semifinal al Athletic. No le derrotó… Le avasalló. Le devoró con una goleada (5-0) nunca vista con este formato de cuatro participantes.
El domingo espera al Real Madrid que goleó hace un año (5-2) en la final o al Atlético, en la que sería final de estreno entre ambos con el nuevo formato o primera desde 2013, cuando a doble partido venció el equipo azulgrana gracias a los goles en campo contrario.
Sin pestañear, con un partido entre cómodo y festivo, el campeón resolvió el partido en un abrir y cerrar de ojos. Si abrió Ferran Torres el marcador a los 22 minutos, tras un comienzo falsamente equilibrado, en apenas ocho minutos, entre el 30 y el 38, anotó otros tres tantos el Barça, hallando en Unai a un inesperado colaborador para llegarse con un 4-0 tan bestial como definitivo al descanso.
Paseo
A partir de ahí ya no había, no hubo, mucho qué decir. Ni que jugar, desde luego. El Barça ni echó de menos a Lamine Yamal, que se quedó extrañamente en el banquillo hasta que Hansi Flick le dio entrada en la recta final. Fue cuando Raphinha, tan desaparecido en el derbi contra el Espanyol como monumental en este duelo frente al Athletic ya se marchaba tras anotar el 5-0.
Hambriento en la primera mitad, con ganas de más, de golear, gustar y aplastar, el conjunto azulgrana se tomó el segundo tiempo con mucha más tranquilidad. Sabiendo que todo estaba resuelto y ahorrando fuerzas para la final del domingo, los jugadores de Flick convirtieron la potencia e intensidad de los primeros 45 minutos en solvencia y calma en los segundos.
Nunca pudo, ni de lejos, pensar el Athletic en competir la final. No le dejó un Barça sobresaliente. Y que le devoró sin pensar en nada más.
