Ronaldo fichó por el Barcelona porque Núñez no quiso con Shearer repetir el caso Archibald y Ronaldo se marchó del Barcelona, once meses después, porque Núñez no quiso «poner en riesgo la economía del club«. Todo sucedió entre el 17 de julio de 1996, día de su fichaje en Miami, y el 20 de junio de 1997, fecha en que los representantes del Inter de Milán abonaron los más de 24 millones de euros de su cláusula de rescisión.
Fue una historia tan breve como majestuosa. Un enamoramiento inmediato surgido casi de la nada y el desconocimiento porque en aquel entonces, sin redes sociales, youtubers y demás, la información del fútbol extranjero era bastante más limitada que en la actualidad. Aunque cueste creerlo. Ronaldo llegó al Barça desde el PSV, que le había fichado dos años antes, tras ser la mascota del Brasil que conquistó el Mundial de Estados Unidos. Quien sería después conocido como Fenómeno no jugó ni un minuto en aquel torneo de 1994 y sorprendió la apuesta del PSV por pagar 6 millones de euros para convertirle en el heredero del Baixinho… Pero marcar 54 goles en 57 partidos rompió todos los pronósticos. Y el Barça, necesitado de un golpe de efecto, fue con todo a por su fichaje.
Urgencia
Núñez, el presidente del club azulgrana, tenía urgencia, mucha, por borrar todo rastro del cruyffismo. Despedido el holandés a lo bruto el 18 de mayo, Bobby Robson llegó para sucederle en el banquillo (acompañado de José Mourinho en la faceta de traductor/asistente) y el Barça, aquel verano, rompió el mercado como no se recordaba. Blanc, Luis Enrique y Pizzi llegaron con la carta de libertad (los dos primeros apadrinados por Cruyff) y les acompañaron Vítor Baía (6 M€), Fernando Couto (5,4 M€), Giovanni (5,6 M€), Hristo Stoichkov (regreso que costó 2,8 M€) y, claro, Ronaldo, el fichaje record de la historia del club y por quien pagó el Barça 15 millones de euros. Después, en invierno, llegó Amunike por otros 3 millones… Una historia, la del nigeriano, difícil de explicar.
Concentrado con la selección brasileña en Miami para participar en los Juegos Olímpicos de Atlanta (donde la canarinha se llevó el bronce y él anotó 5 goles en 6 partidos), el 17 de julio y junto a sus representantes Alexandre Martins y Reinaldo Pitta acordó con Joan Gaspart, vicepresidente del Barça, su fichaje, aceptado a regañadientes por el PSV. Ronaldo acabó su participación en los Juegos el dos de agosto, desapareció en vacaciones… y apareció en Barcelona el 24 de agosto, por sorpresa y proclamando que quería jugar la Supercopa, cuyo partido de ida se disputaba al día siguiente (Barça – Atlético Madrid) en Montjuïc.
El festival
«No podemos quitar a Pizzi del equipo. Ha estado jugando muy bien y merece ser titular» le medio protestó Mourinho a Robson cuando el entrenador le comunicó que Ronaldo jugaría de inicio en ataque junto a Figo y Stoichkov. «¿Quieres ser justo o quieres ganar?» le contestó el inglés. No hizo falta mucho más. Esta conversación la descubrió años después el técnico portugués, quien reconoció que Ronaldo fue una aparición tan bestial como inesperada. Y su presentación… Un festival antológico
25 de julio de 1996. Estadio de Montjuïc, sede del partido por la replantación del césped del Camp Nou (una historia, otra, que merecería un capítulo por si sola). El Atlético del doblete se presenta en Barcelona con los fichajes de Esnaider, Bejbl o Aguilera. A los mandos Radomir Antic en el cénit de su carrera y el estadio, con capacidad para unas 50.000 personas está lejos de llenarse…
Solo quien vivió en directo aquel partido puede sentir el escalofrío emociona que supuso aquella jornada. Ganó el Barça 5-2, abriendo y cerrando el marcador Ronaldo, con un disparo ajustado e inesperado al principio y un regalo de Giovanni al final, después de una jugada mayúscula en la que asistió para el 4-2 de Iván de la Peña, su mejor socio en aquella temporada de locura.
Ronaldo anotó 47 goles en 49 partidos oficiales y dejó actuaciones imposibles de olvidar. Consiguió, en un ambiente de guerra civil social como nunca se ha repetido, que el Barça enganchase a las nuevas generaciones. Su cabeza rapada y su entendimiento con De la Peña despertaron tanta alegría como incredulidad provocó su marcha al Inter de Milán.
Y aunque hoy, ya retirado y considerado como una leyenda gigante en la historia del fútbol, pueda doler verle más cercano al Real Madrid que al Barcelona, nadie podrá olvidar aquel año indispensable, que comenzó un 25 de julio, hace 30 años.
