El Barça ganó cuando ya ni probablemente creía en ello. Centro de De Jong (horroroso partido el suyo) y remate cruzado de Araújo (señalado y remedio último de urgencia) en tiempo añadido. Cuando el Girona, que abrazó la victoria en el primer tiempo, rozaba el empate llegó el triunfo azulgrana. A lo Alexanko. A lo imposible…

Merecido más o menos. Brillante muy poco pero insistente mucho, el campeón tiene un problema futbolístico. Un problema que probablemente nace en la punta del ataque y en su deficiente intensidad a la hora de presionar al rival. Son ya varios los partidos en que los delanteros no trabajan lo esperado y el rival se beneficia. También el Girona.

El Barça salió como un torpedo y empequeñeció a un Girona desconocido. Un Girona incapaz de enlazar tres pases y más aún de dar señales ofensivas. Y ridículo en defensa hasta encajar un gol de excelente factura pero de imposible argumento. A Pedri, el autor, le dejaron conducir en horizontal dentro del área. Con total tranquilidad y hasta lanzar un remate raso y cruzado. Gol 1-0 y, mirando el juego, se diría que a punto de degüello.

Insólito

Pero, difícil de creer y más aún de aceptar, el Barça rebajó la eficiencia, la intensidad, la exigencia y le regaló vida a un rival que pasó de entregado a obstinado. En cuanto marcó Pedri el 1-0 el argumento del partido cambió absolutamente y el equipo de Flick agradeció el descanso. Agradeció el 1-1 (golazo de Witsel) porque los futbolistas de Michel tuvieron hasta cuatro ocasiones clarísimas para avanzarse.

Ocasiones, todas, que nacieron en el área propia porque la supuesta, esperada y exigida presión de los delanteros del Barça no existió. Flojo Rashford, descoordinado el debutante Toni Fernández y ausente el crack Lamine Yamal, el horror era evidente. Lo intentó Pedri y lo hizo Casadó para alivio de una zaga que enloquecía intentando contrarestar la velocidad de los delanteros del Girona.

Desnudo futbolísticamente el Barça y desafortunado el Girona, el 1-1 seguro que fue mal recibido en la caseta visitante, mientras en la local Flick reaccionaba dando entrada para la segunda mitad a Fermín López. Y su presencia fue el motor del cambio en el partido.

Hasta el final

La segunda mitad fue una película diferente en todos los sentidos. Recuperó el Barça el mando, retrasó líneas el Girona y el partido cambió. No se vio una mejora evidente en el juego azulgrana, pero sí, al menos, una rebelión.

Quiso el equipo de Flick ganar, hizo todos los cambios posibles el entrenador buscando la manera de desequilibrar a un rival que, extrañamente, no insistió tanto en buscar la espalda de la defensa local. Y cuando todo daba a pensar que el empate sería el resultado final… Llegó el milagro.

El milagro anotado por un Araújo que pasa su peor momento en el club. Y a quien Flick dio entrada como remedio de urgencia. El Alexanco de Cruyff, hacedor de un milagro auténtico rematando por bajo el centro de Frenkie De Jong.

No está bien el Barça. Falto de energía y extrañamente cansado, le cuesta mucho, muchísimo, imponerse. Salvó, tras dos derrotas, la papeleta. Y encamina a un Clásico que debe hacerle mejorar.

Por JordiBlanco

Periodista. Del 64.

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