Joan García evitó que el susto fuera un drama en Vallecas. Un Barça sin alma ni ritmo, condenado a jugar a lo que quiso el Rayo, se dejó los dos primeros puntos de LaLiga en otra actuación decepcionante. La que más desde que comenzó la temporada, seguramente, y dejando al descubierto una diferencia casi abismal respecto al curso anterior.

De penalti, discutido pero cierto, avanzó Lamine Yamal al Barça en la recta final del primer tiempo y con un remate magnífico igualó Fran Pérez en la segunda parte. Un remate magnífico… pero fuera de razón por no tener explicación ninguna su soledad en el área y en posición de disparo a la salida de un corner. Fue, aquella jugada, la muestra definitiva de las miserias defensivas del equipo azulgrana, aún más débil que la pasada temporada, huérfano de Íñigo Martínez y a quien un Joan García mayúsculo salvó de la derrota.

Una derrota que, de hecho, no habría sido sorprendente a la vista del partido, jugado a lo que quiso el Rayo Vallecano y que fue tan perjudicado como el Barça por el lamentable estado del césped, indigno para un partido de Primera División.

Salvador

Mal asunto para un equipo como el Barça, aspirante a repetir y mejorar lo conseguido la pasada temporada, cuando su jugador más destacado es el portero. Y esta vez no fue por poco, de pasada o casualidad. Joan García se convirtió en el auténtico héroe de un equipo que nunca encontró la forma de imponer su juego en el maltrecho césped de Vallecas y que jugó a trompicones, sin orden y sin alma.

Solo Pedri, solo, mantuvo el tipo en un centro del campo desconocido, en el que De Jong fue una rémora y Dani Olmo, salvador en el mismo escenario hace un año, no encontró el lugar, fallando un gol cantado en el desemboque del primer tiempo.

Arriba pasó un calvario Lamine Yamal ante Chavarría, que le anuló y aburrió, permitiéndose solamente forzar y transformar un penalti, pero poco más. Y menos aún de Ferran, tan entregado como desafortunado, y de Raphinha, desaparecido sin más.

Quiso atacar tan deprisa el Barça que se entregó al vértigo de un rival que por fuera le puso de los nervios y que rozó la victoria en una, dos y hasta tres ocasiones. Sufrieron Koundé y Balde en los laterales y tuvieron más soluciones, pero no suficientes, la pareja inédita de centrales formada por Èric y Christensen.

Pero todo, todo, todo acabó por resumirse a través de Joan García, salvador auténtico de un Barça muy alejado de lo que se espera de él.

Por JordiBlanco

Periodista. Del 64.

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