Luis Enrique le dio un baño de realidad al Barça. Tan simple y tan cierto, el PSG le dio una lección al aspirante, que comenzó estupendo y acabó entregado. Hundido e incapaz de variar el plan al contemplarse el crecimiento del rival, un equipo monumental. Luis Enrique volvió a ganar en Montjuïc remontando y, casi, repitiendo el argumento de abril de 2024.

El PSG es un equipo de autor, un equipo que sigue al pie de la letra el mando de su entrenador. Un día después de que Flick exigiera a Lamine Yamal más implicación en la presión, se recordó la sentencia de Luis Enrique saludando la marcha de Mbappé de París. El asturiano preparó el partido al detalle y alrededor del Barça Lamine Yamal fue el protagonista absoluto. Tanto se habló del 10, de impliación y ganas por liderar el triunfo, que globalmente el equipo azulgrana se derritió.

Un efecto gaseosa, similar al de hace un año y medio. Entonces fue la expulsión de Araújo y ahora, simplemente, la superioridad integral de ese PSG magnífico. Sin Dembélé ni Marquinhos, sin Doué y sin Kvaratskhelia. Y sin problema. Porque Luis Enrique antepuso el colectivo y avanzando el partido su equipo fue mandando más, más y más.

La película

Disfrutó y se divirtió el Barça durante la primera media hora. Alarmado por las bajas, disfrutó de una presentación ilusionante, obligando a replegarse al PSG, hasta el golpe de Ferran a los 19 minutos. Fue el mejor momento azulgrana, que se alargó hasta la media hora. Y poco más.

Más fuerte, potente, integrado, el equipo francés dio la vuelta a las cosas en la recta final del primer tiempo. Sin prisa pero sin pausa. Y así el joven Senny Mayulu, aprovechando el descoloque de Koundé y el resbalón de Cubarsí, ya igualó.

Mientras Èric García mantenía un nivel sobresaliente y la pelea de Ferran merecía todos los elogios, el juego colectivo desnivelaba la balanza en favor del PSG. Y así la segunda mitad fue convirtiéndose en un monólogo.

Tan claro como evidente, el Barça tuvo, en botas de Dani Olmo, el 2-1 a pesar de que futbolísticamente el partido ya se entendía dominado por un PSG que dio el golpe en el desemboque.

«Si no puedes ganar intenta no perder» es una sentencia conocida y repetida alrededor del Barça desde tiempos de Johan Cruyff.Y el equipo de Flick ni supo ni pareció querererlo. Entregado al desorden ordenado del PSG sobrevivió en el alambre hasta el gol definitivo de Gonçalo Ramos.

El Barça es un aspirante, con ilusión y capacidad por mejorar. Pero el PSG es el campeón y lo demostró en Montjuïc. Y Luis Enrique… el técnico, casi, perfecto.

Por JordiBlanco

Periodista. Del 64.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *