Al cabo de once partidos contados por victorias el fenomenal Barça cayó derrotado en París, superado por el campeón de Europa en un partido que se diría majestuoso y que sentenció el PSG… Cuando aún celebraba el barcelonismo el golazo, el 2-2, de Lamine Yamal. El mejor Barça que se recuerda se humanizó en el Parque de los Príncipes, donde Luis Enrique mostró músculo, fútbol y cerebro. Así es la Champions.
El 4-2 mostró el acierto de unos y el déficit de otros. No es tal, quizá, la diferencia entre ambos equipos pero el PSG, enorme en todas las facetas, remató más y mejor. Y con mayor contundencia y solvencia. El Barça, huérfano de Rodri, denotó falta de convencimiento. Y vio como le remataban 13 veces a puerta. Algo no recordado. Y que a estas alturas debe ser solucionado.
Agobiado por las bajas antes de tiempo, lamentando sus ausencias, al Barça le atropelló de entrada el PSG. Y le machacó de salida. Mal inicio y peor final, fue más erróneo que triste contemplar como el 2-2 apenas le duraba un suspiro al equipo azulgrana, incapaz siempre, siempre, de sentar la cabeza y comprender, entender, que un empate puede, en ocasiones, ser un excepcional resultado. Más aún si es visitando al campeón, CAMPEÓN, de Europa.
Más es menos
El PSG sobrevivió a la lesión de Dembélé, no pagó el mal partido de Kvaratskhelia ni echó de menos a Nuno Mendes. El Barça lloró la ausencia de Èric Garcia, quiso echar de menos a Koundé… Y se agarró a la excelencia de Joan Garcia, quien encajando cuatro goles fue el mejor del equipo. Le acompañó Pedri y de manera sobresaliente Espart. Pero no le fue suficiente.
Acorralado y agobiado en un comienzo desolador, el Barça fue mejorando poco a poco y el golazo de Espart, en respuesta al que fue antes de Doue, dio paso a los mejores minutos del equipo de Flick. Sin tantas ni tan claras ocasiones como el PSG pero con un juego que le respondía perfectamente. Hasta el final enloquecido.
Lucas Hernández marcó de cabeza el 2-1 antes de que un flojo Lamine Yamal se sacase de la chistera una jugada excelente y un gol monumental… Era el 2-2, un empate que rompiendo la racha de victorias sabía a gloria. Pero el Barça, este Barça, tiene un problema. No sabe contemporizar y menos aún apretar los dientes entendiendo que un empate puede ser un gran resultado.
Y no le duró. Claro. Golazo inmediato de Vitinha, 3-2, y masacrada final de Fabián. 4-2 y a casa. Al rincón de pensar cinco días antes del Clásico, sabiendo que no debe tener dolor de cabeza. Por cierto, la ausencia inicial de Rodri, al final y en definitiva, fue la peor de las noticias.
