El Barça se dejó el liderato en Girona y en cuatro días se dio cuenta de la imperiosa necesidad que tiene Hansi Flick de recuperar la energía y fútbol de su equipo. Ni el regreso de Raphinha evitó un pequeño sonrojo. Y el campeón, sin alcanzar la mediocridad de Madrid, volvió a evidenciar que está en un momento difícil. Difícil de juego y de moral. O eso parece a lo visto en Montilivi.
Una derrota, un 2-1, terrible y difícil de aceptar. Más aún después de avanzarse en el marcador a pesar de su juego discreto primero y deficiente después. Una defensa que no se sostiene, con una línea tan avanzada como rota. Un ataque empequeñecido, sin que Lamine Yamal fuera capaz de liderar lo que de él se esperaba y nadie le acompañase. Y sin centro del campo. La peor de las noticias cuando se habla de este equipo.
Llueve sobre mojado cuando se contempla al Barça encajar un gol apenas haber marcado. Esta vez le duró tres minutos la ventaja por el gol, golazo, de Cubarsí antes de que Lemar, superada la hora de partido, igualase. Y si antes hubo impotencia en azulgrana, después hubo lo mismo. Y milagro, también, personalizado en Joan García. Otra vez salvando lo posible y lo imposible para mantener en pie a un equipo sin juego. Sin juego ni orden. Casi se diría que sin nada.
El Real Madrid de Álvaro Arbeloa, empujado a penalties y mantenido por lo civil o lo criminal, es el nuevo líder de LaLiga cuando se llega a mediados de febrero y por mucho que el fútbol, de la temporada en general, revele que el Barça de Flick es muy superior, la realidad es tozuda. Y la realidad de la clasificación muestra ahora al campeón por detrás.
Lamento
En el Barça las quejas se multiplicaron. El arbitraje de César Soto fue una pequeña calamidad, destacando el segundo gol del Girona, que llegó después de una clara falta a Koundé de la que nadie quiso saber nada. El lamento fue generalizado en clave culer, al día siguiente, precisamente, que Flick exigiera una reacción a sus futbolistas.
Si tras el 3-0 encajado en Londres contra el Chelsea el técnico alemán afirmó, rotundo, que el equipo iría hacia arriba, al cabo de los meses la sensación es que la crisis a entrado sin llamar a la puerta. Horrible en defensa y fatal en ataque, sin centro del campo y sin fútbol de combinación, el Barça está en el momento más difícil del curso.
Toca levantarse. Y rápido. En un mes decisivo en la historia reciente e inmediata del club por las elecciones a la presidencia del 15 de marzo, el tricampeón de la pasada campaña no debería entrar en barrena y ocupar titulares en plan negativo.
