Ridídulo es un adjetivo difícil de cuantificar en el deporte. Decir que el Real Madrid hizo el ridículo en Albacete se entiende demasiado global y se puede considerar injusto personificarlo en los futbolistas. Incluso ciñéndose al partido debieran quedar al margen presidente o ejecutivos varios. Si alguien debe acoger la palabra es, solo, el entrenador: Álvaro Arbeloa.
Arbeloa, presentado por algunos como el sucesor de Zidane y/o el entrenador con la mejor preparación en el club, se estrenó con un ridículo sideral. Un ridículo que forzó, más que arriesgó, él solo en primera persona con una convocatoria ilógica. Y es que en plena crisis y con todos los ojos clavados en vestuario y cuerpo técnico no se comprendió ver fuera de la lista a Courtois, Bellingham, Tchouaméni y Rodrygo. El caso de Mbappé… es de otra consideración.
En la situación del club, despedido Xabi Alonso de cualquier manera tras la Supercopa de España y siendo el personaje más seguido del fútbol español, a Álvaro Arbeloa no se le ocurrió otra cosa que creerse una especie de Mesías y enfrentar al Albacete con una alineación tan antinatural y arriesgada como suicida se demostró después. Con unos cambios ya de chiste atendiendo a la convocatoria… Pero dejando en el banquillo (¿condenado?) a Dani Ceballos.
Señalados
Protegido por Florentino Pérez hasta que deje de estarlo, Arbeloa es una pieza más en este Madrid sin orden ni sentido. Y que solo dos días después de ser presentado como una especie de genio de la táctica y estética futbolística ya lee y escucha que el club está en búsqueda de un nuevo y más experimentado entrenador.
Cuatro días después de despedirse del Castilla sufriendo un soberano repaso en Getxo (4-1), Arbeloa se presentó como flamante jefe del primer equipo con una debacle, desastre, inverosímil. De momento, seguramente, la hinchada del Bernabéu lanzará sus dardos hacia el campo, los jugadores… Pero de entrada el Madrid perdió dos trofeos en tres días y cesó a un Xabi Alonso que, atropellado por sus propios futbolistas, se cayó solo y desamparado.
Florentino despidió a un entrenador capaz de mojarle la oreja al intratable Bayern Múnich en Alemania y en su lugar colocó a otro que apenas se dejó ver en la propia cantera del Real Madrid. Recordado como el chivato de la plantilla en su época de futbolista, lo primero que hizo fue obedecer al presidente recuperando a Antonio Pintus, descartado por Xabi, para llevar la preparación física de la plantilla.
Así empezó su proyecto Arbeloa. Con un ridículo personal e intransferible por todo lo alto.
