Victorias de entreguerras son esas que no quedarán en el imaginaro de la temporada… Pero que son innegociables. Tropezar contra el Oviedo habría sido un drama (más para el entorno que para el propio Barça) difícil de digerir. Al menos ahora, en pleno mes de enero. Pero el colista lo es por algo… Y tras un notable ejercicio de resistencia en la primera mitad, dos errores casi consecutivos le condenaron en un abrir y cerrar de ojos de la segunda.

3-0 sin más. A la espera de un miércoles de pasión y, desde luego, mucho más trascendente que este domingo, el campeón resolvió la papeleta sin brillantez pero con oficio, respondiendo al Real Madrid y evitando mostrar signos de flaqueza que se habrían querido sospechar de haber empatado. Algo conocido en la acera de enfrente.

El Barça de Hansi Flick mantuvo el liderarto (decir recuperar está fuera de lógica) con un triunfo asequible resuelto tras el descanso y aparcando, en cierta medida, un primer acto muy lejos de lo esperado. Sin velocidad, sin circulación, sin energía y casi sin remates. Tan agobiado por el excelente trabajo del rival como por la ausencia de Pedri, una sola pero que pareció definitiva, el campeón se atragantó de mala manera en su regreso al Camp Nou.

Paciencia

Condescendiente y paciente a partes iguales, la afición azulgrana no parece ahora entender de críticas que en tiempos pasados probablemente habrían arreciado entre la grada. Y no, no parece ya que pueda hablarse de la numerosa presencia de turistas para excusar este cambio en el ánimo del público.

Más algarabía, menos exigencia, más excusable todo. Todo lo que al propio Barça se refiere. Dos meses después de su estreno en este Camp Nou aún en obras (y lo que queda), ya parece que es un hecho aquello que apareció disimuladamente en los últimos tiempos del estadio y quedó mostrado en Montjuïc.

El 0-0 con que acabó la primera parte, sin apenas remates y un juego deficiente del Barça, no provocó ni una sola queja entre los aficionados. Algo que habría sido inverosímil en tiempos pasados y que ahora se estima con total normalidad. Después llegaron los goles y la algarabía. Lo esperado.

Dani Olmo, Raphinha y Lamine Yamal sentenciaron a un Oviedo rendido a la evidencia y a la lógica. 25 años despuésde su última visita, recordada tanto por el 0-1 que consiguió como por el ambiente de pesar por la trágica muerte del legendario Urruti, el equipo asturiano, hundido en la casificación, no fue rival en una tarde que no pasará a la historia.

Por JordiBlanco

Periodista. Del 64.

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