El Barça deberá esperar otro año, al menos, para coronarse en Europa. El Atlético volvió a ser su verdugo, tal como en 2014 y en 2016. Y, también, como en la Copa del Rey. Mereció darle la vuelta a la eliminatoria, llegó a empatarla, pero le faltó acierto en el remate. Y suerte… Siempre, en estos escenarios, la suerte es vital.
Sin llegarse al primer minuto rozó el 0-1 Lamine Yamal, evitado con un paradón de Musso, y a los 24 tenía la eliminatoria igualada, con las dianas del propio crack y de Ferran, soberbio al remate asistido por Dani Olmo. Derrotado en el Camp Nou, lo que algunos cnsideraban un milagro estaba cercano. Mucho.
Pudo llegar con un cabezazo de Fermín rechazado por Musso… Que sin querer pateó la cabeza del andaluz en una jugada que quedó en el aire. Poco antes del 1-2 logrado por Lookman. Sobrevivió a duras penas el Atlético al caudal de fútbol de un Barça con ganas, compromiso y juego. Pero, desde luego, sin fortuna.
En contra
Todo en contra. Un empujón meridiano de Llorente a Olmo no lo vio el árbitro ni tampoco el juez de línea ni tampoco el VAR. Casi todo el mundo lo vio… menos quienes tenían que verlo. Y, ya en la segunda parte, sí que vieron todos los responsables el fuera de juego de Ferran, anulándose el que habría sido 1-3 y regreso a la esperanza. Bien anulado, no rompió el ritmo del Barça, lo que sí ocurrió por mérito del Atlético.
Agobiado por el crecimiento azulgrana, Simeone solventó frenar el juego de cualquier manera. Y al Barça empezó a hacerle subida la recta final de un partido que le fue matando con la expulsión, rigurosa, de Èric García por considerar el árbitro que era el último defensor al hacerle falta a Sorloth.
Morir en la orilla. Con tanto orgullo como pesar. Mereciendo más pero penalizado por sus errores de la ida. Y por no tener suficiente caudal en el remate definitivo. Como en 2014 y como en 2016… Y, otra vez, Europa le cerró la puerta al Barça.
