Joan Laporta dirigirá al Barça hasta 2031. Las elecciones, tan esperadas y presentadas por Víctor Font como un plebiscito, resultaron ser un paseo para el presidente saliente. Una victoria apabullante contra sus enemigos, silenciosos o no. No contra Font porque no tuvo, Laporta, rival.

Recibió el apoyo de 32.934 socios y socias sobre un total de 48.480 votos. La segunda participación más baja, en porcentaje, de la historia (solo un 42,34 por ciento) y el segundo apoyo también en porcentaje (67,93 por ciento) más alto de todas las votaciones históricas desde 1978, con el censo total.

Víctor Font se quedó en un escaso 29,67 por ciento de apoyos para un total de 14.385 votos. Unos datos que lo explican absolutamente todo. Sin más.

Popular o populista dio absolutamente igual porque no solo aumentó, con menos votos totales, el apoyo recibido en 2021, sino que dejó al aspirante simplemente desnudo. Apoyado en un optimismo sin medida, Laporta es aquel barcelonista con el que cualquiera se vería reflejado. Supo divorciarse a tiempo (en el momento exacto) de Florentino Pérez y mientras Font se dedicaba a atacarle a él, él refería al madridismo sociológico

Invisible

Víctor Font, empresario de éxito, persona muy educada e incapaz de faltar al respeto a nadie, se vistió con un traje que no le favoreció nunca. A medida que se acercaba el día de las votaciones fue mutando en un personaje desconocido y si quiso presentar su proyecto como el futuro acabó perdido apoyándose en el pasado. No solo hablando de Xavi o Messi… Hasta agradeciendo la aparición en su favor de Josep Maria Bartomeu

Laporta comenzó a ganar las elecciones hace semanas y el día final, el de las votaciones, venció desde el momento en que se levantó. A las nueve de la mañana ya estaba en la gran carpa, repartiendo abrazos, haciéndose selfies y sonriendo y conversando con los socios más madrugadores. Se dio un baño de masas desde primera hora mientras de Font no había rastro.

Supo ausentarse en el momento oportuno, acudiendo al responso de Enric Reyna y volviendo raudo al Camp Nou dándose ya un baño de masas, acompañando a votar a personajes ilustres mientras Víctor Font llegaba al escenario… Pasadas las once de la mañana.

Cuando comenzó el partido, paliza, contra el Sevilla, en el estadio se daba ya por hecha la victoria apabullante de Laporta en las urnas, empezando a especularse con una ventaja de 7 a 3 que, al final, fue el resultado. Solo faltó escuchar a Font referirse a Lamine Yamal como un empleado (tan cierto como erróneo) para entender que no podía dar esa campanada con la que soñó durante tanto tiempo.

Equivocado

El candidato habló y habló a lo largo de las semanas de futuro pero se apoyó en el pasado. Lo hizo con Xavi, que entró innecesaria y equivocadamente en la campaña, y también con Messi, de quien esperó hasta el último suspiro una declaración que no se produjo. Porque Messi sigue muy alejado de Laporta, sí… Pero sabe que su silencio vale más que cualquier crítica arriesgada y fuera de lugar. Más en el día de unas elecciones definidas de antemano.

Joan Laporta cumplirá de esta manera 17 años como presidente del Barça. Tres mandatos y 29 años después de su primera aparición en el universo azulgrana como cabeza visible de aquel Elefant Blau convertido, en 1997, en el principio del fin del nuñismo. Pero convertido también, hoy, en un mandatario tan populista y popular como lo fue en su momento el Josep Lluís Núñez contra el que tanto luchó y al que tanto atacó.

Indestructible e intocable, Laporta personaliza hoy por hoy al barcelonismo militante. Joven o veterano pero desenfadado y capaz de perdonarle todos los errores y resbalones que haya podido cometer. Ni Limak ni Echevarría ni Darren Dein le han penalizado. Al contrario, se diría que quien haya querido atacarle también por ahí solo ha conseguido que se cierren filas a su alrededor.

Es Joan Laporta. Sin más. Capaz contra todo y contra todos. Ganador incontenible.

Por JordiBlanco

Periodista. Del 64.

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