Camp Nou. Al cabo de 894 días se abrieron las puertas del nuevo estadio a la afición del Barça, pagando, para ver un simple entrenamiento del primer equipo. Fue lo de menos, el entrenamiento. Lo más, la ilusión por el regreso a casa. Y encontrar una casa tan propia como extraña a simple vista. Una mezcla de ilusión y cierta sorpresa/alucine con nostalgia por lo que fue, y no volverá a ser, el Camp Nou de toda la vida.
Grandiosidad en los accesos que nada tienen que ver con los del pasado. Una amplitud desconocida en los pasillos interiores. Iluminación, bocas de entrada a la grada algo estrechas (no todo es perfecto) y escaleras amplias y no tan extensas como en el antiguo estadio. Ascensores, puestos de comida y unas alturas en las entradas excepcionales.
Todo eso, y más, es el nuevo Spotify Camp Nou que descuenta los días para acoger su primer partido oficial. El 22 de noviembre contra el Athletic Club sería, o era, el día esperado. Pero tanto en el seno del club como entre cierto entorno se apuesta por una semana después. Y es que el 29 de noviembre coincidiría con el 126 aniversario de la creación del Barça. Fiesta completa ante el Alavés.
Ilusión
El año de retraso que se cumple s0bre el plazo dado cuando comenzó la obra ha quedado atrás. También las críticas, tan justificadas (algunas demasiado duras) como las preguntas respecto a las multas que debería pagar Limak por ello. Lo dijo Laporta en su día y nadie parece acordarse ahora de ello.
El Barça es un club tan insólito y diferente que aún viviendo habitualmente en ambiente de guerra civil es capaz de unir su ilusión por hechos concretos que van más allá de un resultado, un campeonato o un balance. La oposición que afila sus armas pensando en las próximas elecciones aparcó por unas horas sus discursos catastrofistas por más que se entienda que Joan Laporta va pasos por delante en su campaña invisible.
El Camp Nou ya está aquí. A la vuelta de la esquina acogerá su primer partido y para entonces solo debe pedir, la hinchada, una cosa: mejoría. Que el Barça de Hansi Flick aparque la monotonía que le tiene bordeando la nada y regrese a su mejor versión.
