El Barça se descolgó del Real Madrid en el peor momento y en el peor escenario. Después de ganar todos los Clásicos de la pasada temporada, acudió de puntillas al Bernabéu. Y, claro, perdió. Un ajustado 2-1 que no pasará a la historia pero sí puede marcar tendencia. De momento destaca al Madrid cinco puntos al frente de la clasificación.

No es, para nada, decisivo ni determinante pero, desde luego, sí es preocupante. Desde un punto de vista azulgrana es preciso mirarse al espejo y estudiar, buscar, la manera de mejorar y reencontrar la imagen del pasado. No basta con excusarse en las lesiones por más que alguna (principalmente Raphinha) sea gravosa.

El Barça es, debiera ser, un equipo solidario y entregado a una idea. Un equipo intenso en la presión y fuerte en la organización. Un equipo que mira a Lamine Yamal entendiendo que es la guinda. Un equipo, en definitiva, capaz de bordar el fútbol e inalcanzable para muchos rivales. El Madrid entre ellos.

Plano

Eso es lo que se esperaría del Barça y eso es lo que no se ha visto ya en demasiadas ocasiones este curso. Y no fue, para desespero general, lo visto en el Bernabéu.

Sin noticias del Barça al Real Madrid ya se le había anulado un gol (Mbappé) y un penalti (Vinicius). Plano para desespero de un Flick que se lo miraba incrédulo desde su puesto en la tribuna, el campeón no daba señales de vida en el partido máximo. Precisamente cuando todo el mundo espera lo mejor de todos los protagonistas.

¿El Madrid? A la suya, sin estridencias, con más velocidad que orden pero con lo suficiente para superar a un rival que venía de golear en la Champions sin mostrar demasiada consistencia. Esa paliza al Olympiacos que solo sirvió para mirarse al espejo y decirse que ya está todo solucionado.

Y no. Para nada. Si casi ganó por casualidad al Girona, confirmó su realidad en el Bernabéu. Y, sí, en el peor momento. En el peor escenario y contra el rival menos indicado.

Sin reacción

Si Fermín salvó la papeleta igualando el gol de Mbappé (que ya suma 12 en 9 partidos contra el Barça), luego ya no hubo mucho más desde que Belligham, todavía en la primera parte, logró el 2-1. Ni en una segunda tan plana como la primera salió a flote un campeón entre herido y entregado.

Suerte tuvo el equipo azulgrana de Szczesny, soberbio bajo palos hasta salvar un penalti a Mbappé para mantener las esperanzas. Esperanzas vanas y vacías por cuanto no se contempló la esperada y necesaria reacción.

No hubo rebelión, no hubo rabia ni furia. Ni las entradas de Casadó y Bardghji provocaron ese cambio de chip esperado. Ni la solución desesperada, repetida, de Araújo. Apenas nada.

Acabó dominando el Barça, sí. Llegando hacia el área de Courtois pero sin esa fortaleza de tiempos pasados. Esperando al invisible Lamine Yamal, que no compareció, el campeón se rindió a la evidencia, redondeando su fatalidad con la expulsión, ridícula, de Pedri.

Una derrota mínima. Una derrota para pensar…

Por JordiBlanco

Periodista. Del 64.

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